La antigua ermita de san Cristóbal de Villafranca de los Caballeros

 

El santo gigante portador de Cristo tuvo gran popularidad desde la edad media como patrón de arrieros y caminantes. Solía aparecer en grandes templos y catedrales junto a las puertas más transitadas dando la bienvenida a los peregrinos con su Niño a cuestas.

      Hemos encontrado huellas de la existencia de una ermita dedicada a este santo, desde el siglo XVI. Repasemos estos testimonios para hacernos una idea de la existencia de esta ermita. La que dio nombre a un cerro que todavía sigue extramuros de la población, al norte, en una zona que algunos recordamos cubierta de eras empedradas y con gran actividad durante los veranos.

1.- El cerro de san Cristóbal, actualmente.



El siglo XVI

La primera huella de esta ermita nos la proporciona el documento de las Relaciones ordenadas por Felipe II en 1575. En ellas se cuenta que en esta villa hay una ermita de San Sebastián, otra del señor San Cristóbal y otra empezada de Señora Santa Ana que estas ninguna renta tienen más de la limosna que se da para su reparo entre los vecinos de esta villa.[1]

      Así pues, podemos deducir que la ermita de san Cristóbal fue una de las más antiguas del pueblo, junto con la de san Sebastián. Colocadas ambas fuera del casco urbano, vigilantes de lo que pudiera venir por sus respectivas vías de comunicación (Villacañas y Alcázar) y protectores de los villafranqueros. También descubrimos que la de Santa Ana, estaba en construcción y será la base para la futura ermita del Cristo patrono.

      Con el tiempo se construirán las de san Juan, san Blas y  san Antón, completando así la lista de los “santos viejos”

El siglo XVII

El segundo documento que nos cuenta con algún detalle el estado de esta ermita, es de medidos del siglo XVII. Entre finales de mayo y principios de junio de 1655, los religiosos frey don Francisco Ortiz Angulo, Comendador de Fresno y Torrecilla y el Doctor frey Juan Fernández de Malpartida, conventual del Malta y Prior de la Parroquial de la villa de Urda, visitadores generales en estos Prioratos de San Juan, realizaron una visita pormenorizada a los lugares y bienes de la orden en Villafranca. Un informe que descansa completo en el Archivo General de Palacio en Madrid y que nos va a permitir acercarnos a esta ermita.

Visita de la ermita de san Cristóbal

En la dicha villa, en el dicho día, mes y año dicho, se fue a la ermita de san Cristóbal, que está cerca de esta villa que es un cuarto largo con su capilla, que la divide una reja de madera. Tiene su altar, en él un retablo, en él el Santo en hueco dorado = Una sábana con hilanda y puntas y tiene ara, todo limpio y decente y los demás ornamentos que tiene la dicha ermita, son los siguientes:

§  Un frontal de terciopelo leonado de borlilla

§  Dos candeleros de azófar[2]

§  Dos ciriales con mangas de lienzo

§  Un velo de tafetán dorado

§  Un misal

§  Una cazuela de damasco colorado, estola y manípulo

§  Un alba[3] y un amito[4]

§  Una bolsa de corporales

§  Unos corporales y un cíngulo[5]

§  Un pedazo de terciopelo del frontal

§  Un arca con cerradura y llave donde están los ornamentos

§  Una lámpara de azófar

Y todos los dichos bienes quedaron en la dicha ermita donde estaban y se han de poner por auto y lo firman los dichos señores visitadores generales[6]

De estos datos, recogidos textualmente con el vocabulario actual, podemos inferir que la ermita se hallaba en buen estado con una reja de madera que separaba el altar, éste se componía de un retablo que albergaba la imagen del santo. Una sábana adornaba el ara. Los ornamentos, nombrados con detalle, garantizaban que en la ermita se pudieran realizar oficios religiosos.


El siglo XVIII

Tenemos que dar un salto de casi cien años para encontrar escritos que se refieran a esta ermita. En 1752, en el catastro de Ensenada aparece la siguiente referencia a san Cristóbal:

Bienes pertenecientes a la Imagen del glorioso san Cristóbal en su Ermita (Administrador de sus bienes: Pedro Simón García de Yébenes, presbítero):

Beneficiales: Secano: 10 celemines en las Lagunas, arrendada a Juan Manuel Fernández en 3 celemines de trigo (4,5 reales de  vellón) con utilidad de 2 reales y 9 maravedíes, 1,5 fanegas en las Tejeras, 0,5 fanegas inmediata al pueblo en el Almagal.[7]

 

San Cristóbal mantenía unos bienes raíces propios en forma de pequeñas tierras de labor, además de su santuario.

En este extenso documento encontramos varias referencias al lugar y la ermita. Por ejemplo, Diego Rodríguez Maroto de 28 años, soltero, labrador, es dueño de una fanega de tierra y una era de pantrillar de 3 celemines en el cerro de san Cristóbal. Juan Martín Villanueva, maestro carretero de 45 años, posee una tierra de regadío de  4 celemines en San Cristóbal, a 80 pasos del pueblo. Don Lorenzo Sahagún y Chacón, caballero hijodalgo, labrador de 46 años tiene una era de 2 celemines en el sitio de San Cristóbal. Pedro Rodríguez Maroto, labrador de 36 años, posee 4 celemines de una era empedrada en lo alto de San Cristóbal, linda a Or con el camino que va al Almagal. Don Pedro Simón García de Yébenes, presbítero, de 54 años, declara una era de pantrillar de 2 celemines inmediata al pueblo en el sitio de San Cristóbal.

 

Estos son testimonios de que el alto de san Cristóbal, cercano al pueblo y origen del camino que va al Almagal, es un punto que siempre tuvo mucha vida y las eras ya acompañaban a la ermita en el siglo XVIII.

 

2.- Las ermitas de Villafranca en 1752

 

El siglo XIX

Un tercer documento nos obliga a dar otro salto centenario, el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar de Pascual Madoz de 1850, cuenta lo siguiente sobre las ermitas de Villafranca de los Caballeros:

(…) iglesia parroquial (la Asunción) con curato de primer ascenso y de patronato del gran prior de San Juan; una ermita grande (Smo. Cristo); a las extremidades de la villa las de San Antón y San Blas; en diferentes puntos las de San Sebastián, San Juan y Sta. Ana, que se han arruinado, y por último el cementerio.[8]

 

Ya 1850 no se menciona san Cristóbal y el autor se cofunde al afirmar que la ermita de santa Ana está arruinada, al parecer no conoce que ésta se transformó en la del Cristo de Santa Ana. Un poco más tarde, durante la desamortización de Madoz, volvemos a encontrar alguna referencia a esta ermita en un listado de las fincas eclesiásticas puestas en venta:

   BIENES DEL CLERO. URBANAS. MENOR CUANTÍA.

Otro id. Camino del Santo, á la izquierda en id., procede del santuario de San Cristóbal, que costa de 1742 varas superficiales, ha sido regulado en 10 rs. de renta anual capitalizado en 180 y tasado en 200, por cuya cantidad se subasta.

Las fincas anunciadas no admiten mayor división sin perjudicar los intereses del Estado y según declaración de los peritos.[9]

Se vende un solar en el que estuvo el santuario de san Cristóbal de 1742 varas de superficie. A mediados del siglo XIX esta ermita ya no se mantiene en pie.

3.- Cerro de san Cristóbal

 
 

Historias de san Cristóbal

                Veamos ahora algunas historias en las que el lugar del cerro de san Cristóbal fue protagonista. El primer lugar, las consecuencias de la inundación de 1801:

El 14 de septiembre de 1801, Villafranca soportó la mayor inundación que se haya conocido hasta la fecha, durante la tarde y la noche se desbordó el Amarguillo y el malecón que rodea el pueblo se hallaba en construcción, según testigos, sólo en la décima parte. Los daños fueron letales, veamos como los describen el Ayuntamiento y el Párroco:

(…) acaeció en aquella villa la más terrible y asombrosa tempestad que jamás han visto, la cual, con otra avenida de aguas, y no hallando resistencia alguna, por no estar ejecutadas las obras proyectadas, inundó de nuevo todo el pueblo y lo acabó de arruinar, llegando las aguas hasta los techos de las casas, causando la muerte de doce personas, que se ahogaron, otras muchas que salieron heridas, la destrucción total de los edificios, más de 300 mulas de labor ahogadas y mucho mayor número de otros animales; asimismo la pérdida de granos y de todos los demás géneros que ya tenían recogidos, la de vino, aceite, paja, barbechera, viñas, ropas y demás muebles (…)[10]

      No hacen falta más palabras para hacernos una idea de los daños de esta avenida. Pero son demoledoras las consecuencias inmediatas en la vida de los vecinos:

Una parte importante de los villafranqueros se fue a vivir a otros pueblos del entorno, otros permanecían como zombis sin rumbo en las ruinas de Villafranca, al cuidado de los pocos efectos y bienes personales que les respetó la desgracia. Se formó un campamento de chozas y barracas en el cerro de san Cristóbal, donde vivían como podían.

 Los lodos han inundado los edificios más fuertes como las ermitas, la Iglesia o la Tercia. Los eclesiásticos han abandonado la localidad con intención de no volver si no se construyen los diques proyectados en años anteriores como solución para estos males.

 La solidaridad vino del sur

(…) si la villa de Herencia no hubiese acudido con socorros de pan, vino, carne, tocino, aceite y demás necesario, como todavía lo está haciendo (28 de octubre de 1801), habrían los más fallecido de necesidad; que de resultas se hallan todos los vecinos y habitantes de aquel pueblo, sobrecogidos de temor, pálidos y llenos de consternación (…)[11]


Villafranca es un valle desolado por el lodo, pocas casas se tienen en pie y sus vecinos se están planteando emigrar a otros lugares. La solución vendrá en los años posteriores en forma de un reforzado malecón junto al pueblo, el desvío del riato por la zanja y un malecón más en el cauce del Amarguillo. Mientras tanto, el único lugar que inspiró seguridad a los villafranqueros de entonces fue el cerro de san Cristóbal, donde se acoplaron con las pocas pertenencias rescatadas de los restos de sus casas.

      Por último, añadimos a esta breve relación de huellas de la ermita, un hecho que aparece en el libro de bautismos nº 4 del Archivo Parroquial:

Don Philiberto hijo de Jesús y María[12] (07-01-1661)

Yo el lic. Mancheño cura en la parroquia de esta villa de Villafranca y 7 de enero de 1661 bauticé debajo de condición a Don Philiberto hijo de Jesús y María siendo padrino Juan Gómez Barcina fue hallado en la puerta de la ermita de san Cristóbal extramuros de esta villa con una cédula que decía le faltaban las ceremonias de la Iglesia y que se llamaba así=

Pedro Mancheño Barchino[13]

Un niño expósito apareció en las puertas de la ermita el primero de julio de 1661. Como era costumbre recibió el bautismo y se hizo caso a lo escrito en el papelito que lo acompañaba. No estaba bautizado y se le puso el nombre que ponía en la cédula: Don Philiberto. No aparecen más explicaciones pero lo llamativo del nombre y el lugar donde se encuentra el bebé (fuera de la población), dan mucho que pensar.

 

Conclusiones

Después de este paseo por los papeles que hablan de san Cristóbal en Villafranca, sólo nos queda hacer alguna reflexión a modo de conclusiones:

 

o   La ermita con la imagen de san Cristóbal es una de las más antiguas de Villafranca de los Caballeros, ya existía en la segunda mitad del siglo XVI y podemos observar sus huellas en los siglos siguientes.

o   A mediados del XVIII la imagen de san Cristóbal pudo acumular un pequeño beneficio de tierras próximas al pueblo.

o   La ermita desaparece en el siglo XIX, el lugar donde se alzaba este edificio, es un solar a la venta en 1855.

o   La pequeña altura donde se construyó esta ermita tuvo el nombre de cerro de san Cristóbal. Este lugar, por ser el más alto próximo al pueblo, fue el refugio de aquellos villafranqueros que no abandonaron la localidad después de la terrible inundación de septiembre de 1801.

o   El nombre de la calle del Santo, tiene su razón si pensamos a donde nos dirige.

 

Félix Patiño Galán, agosto 2022

 

 



[1] Archivo de Palacio Real (APR) Archivo del Infante don Gabriel (IDG),  Secretaría  – 760.

[2] Azófar: latón.

[3] Alba: vestidura blanca que llega hasta los pies y que usan los clérigos católicos sobre el hábito y el amito para decir misa y en otras ceremonias.

[4] Amito: vestidura de lienzo blanco, con una cruz en medio, que el sacerdote se pone sobre la espalda y los hombros para celebrar algunos actos religiosos y sobre la que se ponen otras vestiduras ceremoniales como el alba o la casulla.

[5] Cíngulo: cordón con una borla en cada extremo con que los sacerdotes católicos se ciñen el alba a la cintura.

[6] APR. IDG. Secretaría. 526 – continuación. Visita de 1655.

[7] PATIÑO GALÁN, F. (2022): Villafranca de los Caballeros entre 1752 y 1753. Resumen del catastro de Ensenada. Ayuntamiento de Villafranca. Página 200.

[8] DICCIONARIO GEOGRÁFICO ESTADÍSTICO HISTÓRICO DE ESPAÑA Y SUS POSESIONES DE ULTRAMAR Pascual Madoz. Tomo XVI. Madrid 1850. Página 142.

[9] Archivo Histórico Provincial de Toledo. AHPTO_33719_f_02-Madoz – 4 de octubre de 1856

[10] APR. IDG. Decretos. Leg. 9.

[11] APR. IDG Decretos. Leg. 9.

[12] La fórmula “hijo de Jesús y María” corresponde a niño sin padres, abandonado.

[13] Archivo Parroquial de Villafranca. Libro de bautismos nº 4 (1654-1675).

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