Comenzamos un poco más temprano
por la programación de otro un evento en esa tarde y nos reunimos 43 personas
con la intención de repasar hechos de nuestras lagunas que han quedado lejos en
el tiempo.
Las lagunas de Villafranca y la
Dehesa eran bienes de propios, o propiedades del Ayuntamiento con el objetivo
de ayudar a sus vecinos proporcionándoles servicios necesarios como pastos,
carrizo y baños en verano o bien arrendar una parte para conseguir un dinero
que el concejo incorpora a su presupuesto.
Pero su principal función
económica durante mucho tiempo, que sepamos, desde la Edad Moderna a la primera
mitad del siglo XX, fue la de piscifactoría. Los archivos históricos acogen
testigos de esta actividad. El Ayuntamiento las solía alquilar al mejor postor
por tres años, para la pesca y el carrizo. Dos elementos fundamentales en la
economía antigua. Las tencas en época de pesca suponían el acceso al pescado
fresco en un lugar al que solo llegaban salazones y el carrizo se segaba en su
totalidad, pues se utilizaba en muchos aspectos de la vida como en la
construcción, en los hornos y en útiles de la vida hogareña (zarzos, vallas,
persianas, chozos). Repasamos algunos de los contratos de pesca y carrizo de
otras épocas que demuestran el calado económico de esta actividad que estaba
muy bien regulada por el ayuntamiento con unas normas muy claras que
delimitaban las épocas de pesca, las vedas en el desove de las tencas, o los
días en los que se puede segar el carrizo sin hacer daño al entorno.
Es curioso el caso del mejorante
en estas posturas para la pesca. El Ayuntamiento siempre estuvo dispuesto a
atender cualquier postura sobre la pesca y el carrizo superior a la existente y
con toda normalidad, desalojaba al arrendatario existente e incorporaba al
nuevo que pagaba más. Todo con su correspondiente indemnización.
Después, abordamos el tema de la
propiedad de esta finca que, como ya hemos explicado, es de propios del
Ayuntamiento, sin embargo, desde finales del XVIII pasó su dominio útil al infante
don Gabriel y a sus sucesores. Con muchas peticiones del Concejo para revertir
esta situación, pero no se consiguió hasta 1927. Esta historia se adereza con herederos
nobles, amores poco comunes y el empeño de un alcalde seguido por sus
concejales.
La tarde se cerró con los baños,
reflejados en textos antiguos que alaban sus efectos saludables. Baños que antiguamente
se hacían a través de las puertas, las entradas al agua en las que no había
carrizo. A la laguna Grande acudían vecinos y forasteros para disfrutar de este
sencillo y próximo veraneo. Han transcurrido muchos veranos con diferentes
normas para la aproximación al agua, para vestir adecuadamente, para la
separación decorosa, en su tiempo, de hombres y mujeres, para crear una zona de
baño de las bestias, para depositar en lugares alejados los detritos humanos y
animales, etc.
Todo un lugar de convivencia que
sigue ahí, aunque lo miramos con otros ojos. Que tiene una nutrida historia de acontecidos
que forman parte de nuestro pasado.





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